Sep 16 2012

¿Os acordáis? Hubo un tiempo en que no tuvimos duda alguna sobre que éramos aquello que representábamos ser: bomberos, médicos, conductores de fórmula 1, súper héroes, pilotos… Además poseíamos una extraordinaria capacidad para cambiar de personaje en un santiamén, prevaleciendo la actitud aventurera y convirtiendo cada día en un amanecer al mundo de las posibilidades por descubrir. Dicen que es por eso por lo que el tiempo en la infancia y adolescencia pasa más lento, porque nos entretenemos en observar, entender e integrar todo conocimiento. Luego, en la madurez, funciona más el piloto automático, todo se nos hace lo suficientemente conocido o reconocible, y por eso el tiempo pasa más deprisa. Perdimos la capacidad de sorprendernos. Pero no es eso lo único que perdemos de mayores.

Esa flexibilidad, esa creatividad, esa capacidad de aventurarnos, se ve sometida a la dura competencia de ser alguien en la vida; en definitiva, de asumir la vida entera y no sólo su parte divertida y emocionante. Es así como pasamos de la vida como juego al juego de la vida.

En ese dejar atrás al niño o la niña que fuimos, abandonamos sin darnos cuenta materiales nobles para nuestra autoconstrucción. Es más, a menudo arrastramos lo peor de nuestras infancias y, en cambio, desechamos el campo de habilidades infinitas que desarrollamos sin apenas darnos cuenta. Y es también así, sin demasiada conciencia de cómo lo hacemos, como nos volvemos rígidos, incapaces de asumir otro rol que aquel al que nos hemos acostumbrado tanto, que al final nos identificamos sólo con él.

La rigidez nos constriñe hasta el punto de sentirnos aprisionados por la propia armadura que hemos construido para parapetarnos de los ataques del mundo exterior y, sobre todo, de los depredadores humanos que pueden dañarnos con una simple palabra o un mensaje en nuestro móvil. En el fondo seguimos siendo niños que han cambiado la sonrisa por la cara de perro, o las rabietas por palabras y gestos perversamente envenenados. Seguimos jugando, sólo que a menudo ya no es tan divertido.

El juego de la vida. “El destino baraja las cartas, nosotros las jugamos”.  Schopenhauer.

La madurez conlleva asumir los avatares de la existencia. Cuando eres joven, parece que todo tenga vuelta atrás, ya que suele haber siempre alguien encargado de aclarar nuestros entuertos, que nos disculpa, nos libera de la culpa y nos da otra oportunidad. Pero eso no ocurre de mayores. Cada decisión que tomamos, cada rol que asumimos, acarrea su responsabilidad, cada pérdida es irreparable y nadie nos saca las castañas del fuego. Ése es el vértigo que produce el juego de la vida, y ante tamaña realidad hay quien aprende a aceptar, hay quien se rebela, hay quien se resigna y también hay quien no aguanta demasiado y prefiere hacer regresiones, o sea, se vuelve para atrás y se convierte en Peter Pan.

El juego de la vida es un misterio. No hay engaño más clamoroso que creer que podemos tener la vida bajo control. Todo cambia si en lugar de controlar nos permitimos seguir siendo jugadores con una sola condición: aceptar que los dados los pueden tirar por nosotros. Eso se puede vivir como una desgracia o como una aventura. Como un sino, una tragedia, una rendición o una oportunidad.

Juego a tres bandas. “La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”. García Márquez

De todos los juegos que practicamos ya de mayores, el que más adeptos reúne es el de dar con la respuesta a la pregunta ¿quién soy yo? Es curioso porque hay alguien que pregunta y a la vez alguien que responde. Pero además hay alguien que observa cómo uno pregunta y el otro responde. Es como si existieran dentro de cada persona tres figuras, habitualmente en conflicto.

Eric Berne, psiquiatra, utilizó una trinidad en su afamado Análisis Transaccional conocida como el Niño, el Padre y el Adulto. Anteriormente Sigmund Freud había introducido un esquema trino para definir la operativa mental: el Yo, el Ello y el Superyó. También Paul MacLean nos habló del cerebro trino, aquel que encierra nuestras esencias: impulsos, emociones y razón. En todos los casos podemos observar cómo nuestras vidas interiores transcurren en una especie de lucha de fuerzas entre nuestros impulsos (nuestro niño), las normas éticas, morales, sociales, la crítica (el Padre) y la consciencia intentando poner orden y equilibrio a nuestra existencia (el Adulto).

El paseo que damos a diario con nosotros mismos nos mete en la eterna lucha de la voluntad por poner en orden nuestros deseos. Jugamos a inventar expectativas y luego vivimos de la insatisfacción de que nada sucede como habíamos pensado. Todo ello ocurre porque no hemos entendido bien el juego. La pista nos la proporciona Sri Nisargadatta Maharaj al recordarnos que para saber lo que uno es, primero debe investigar y conocer lo que uno no es. Desnudos de nuestros enredos psicológicos, tal vez hallemos la verdad que se esconde tras el juego.

El juego como actitud. “No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá vivo de ella”. E. Hubbard

Vale la pena reivindicar el valor del juego en nuestra vida, como bálsamo contra la rigidez, contra los automatismos y contra la idea de que nuestra personalidad es como una roca, firme y permanente, transformada sólo por el paso de los años y el castigo de los elementos externos. ¿Cómo vamos a poder cambiar, a volvernos más flexibles y a utilizar nuestra creatividad, si no es jugando con nosotros mismos? Sólo existe una verdad: ¡que somos! En cambio, cuando añadimos que somos “eso”, empieza el juego y nos convertimos en jugadores, creadores de experiencias. Lo malo es que confundamos “eso” con la realidad. Entonces convertimos el juego en verdad, nos tomamos en serio e injustamente dejamos de jugar.

El juego como actitud permite que nos reinventemos. Permite que nos relacionemos con un elegante fair play. Permite que nos riamos más a menudo. Permite que procuremos ganar, para que ganen todos y no para ganarlos a todos. Permite descubrir que la vida es ilimitada si sorteamos nuestras propias fronteras de miedo. El juego nos permite fluir y que juego y jugador sean una sola cosa. Solo entonces dejamos el juego para convertirnos en su creador.

¿Quieres jugar conmigo? ¿Cuándo? Siempre!!!

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Gracias Xavier Guix por recordárnoslo ;)

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jlcasal

Emprendedor. Finanzas, Marketing y Comunicación. Soñador y apasionadamente inquieto. Cofounder Talk2Us Comunicación y Estrellas&Tuits. Directivo ACENOMA. Miembro @EuropeIn

(10) Readers Comentarios


  1. Manolo Aguado "Bole"
    September 16, 2012 at 10:39 pm

    Yo quiero jugar contigo!! A veces me dicen que parezco un crio ¿y sabes qué? me encanta, no hay que perder el niño que llevamos dentro.

    • jlcasal
      September 17, 2012 at 6:24 am

      Mil gracias Manolo. A jugar todo el mundo!!! Un abrazo.

  2. @lisandrotradu
    September 17, 2012 at 7:01 am

    Después de leer este post, tengo el doble de ganas de desvirtualizarte. ¡Muy bueno! Me dan ganas de jugar un lunes por la mañana y de poner mis reglas al juego. ¡Comienza la diversión! Felicitaciones José Luis.

    • jlcasal
      September 18, 2012 at 7:32 am

      Gracias Lisandro!!! Un detalle tus palabras y el 9 noviembre nos vemos!! Un abrazo.

  3. Sole- 50solesmas
    September 17, 2012 at 7:19 am

    Supercalifragilisticoespialidosoooo.'¡¡¡¡¡¡.. nunca voy a dejar de ser la niña que llevo dentro... eso me advierte en muchos momentos que debemos dejar esa rigidez o esa pose que de alguna manera nos obliga esta sociedad , llena de trepas y atrapadores de lo ajeno... Me encanta volar ... y dar rienda suelta a la imaginación... eso es lo que nos hace estar vivos¡¡¡ Gracias José Luis por tus posts¡¡¡

    • jlcasal
      September 18, 2012 at 7:33 am

      No, no... ese niño que no desaparezca. No lo permitamos. A seguir aprendiendo. A seguir sorprendiéndonos... Gracias!!

  4. Xavi
    September 17, 2012 at 9:34 am

    Jose Luís, la verdad es que todos tus post me son muy inspiradores. Somos unos artistas complicándonos la vida cuando realmente debemos a aprender a fluir con ella y perderle el miedo. ¡Hay que disfrutarla! Un abrazo

    • jlcasal
      September 18, 2012 at 7:34 am

      Mil gracias Xavi. Se hace lo que se puede nada más y sí, la vida es mucho más simple de como la vemos y hacemos. Disfrutemos! Un abrazo y gracias de nuevo.

  5. Encarna Alemany
    September 17, 2012 at 5:09 pm

    Hola J.luis, hace tiempo que sigo tu blog y no me habia atrevido a comentar nada,pero quiero decirte que estoy encantada. Se que ademas de emprendedor ,comunicador,soñador,etc.. eres un gran pensador y una gran persona. Estoy muy contenta de haberte conocido Gracias por tus palabras que nos ayudan a no quedarnos dormidos.Besos Encarna

    • jlcasal
      September 18, 2012 at 7:34 am

      Hola Encarna!! Sin palabras, no sé que decir pero lo resumo en... GRACIASSSS!!! Gracias de corazón. Un beso grande para todos. JL

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